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Seguramente recuerdes aquellos monitores grandes, pesados y de color beige que ocupaban la mitad del escritorio a finales de los 90. Pasábamos horas frente a ellos, pero la fatiga visual o el insomnio que sentíamos entonces no son comparables con la "resaca digital" que experimentamos hoy tras unas horas de uso del móvil.
La industria tecnológica nos ha vendido pantallas con más resolución, más brillo y colores más vivos. Pero nadie nos advirtió del precio biológico de esa mejora. ¿Es solo que usamos más las pantallas, o es que las pantallas han cambiado físicamente?
Para responder a esta pregunta, el equipo científico de Reticare ha llevado al laboratorio tres generaciones de dispositivos. No buscábamos medir la calidad de imagen, sino analizar la "química" de la luz que entra en tus ojos.
METODOLOGÍA
Para este estudio comparativo, hemos utilizado un espectrorradiómetro de alta precisión, un instrumento capaz de descomponer la luz en sus longitudes de onda exactas y medir la energía de cada color por separado.
Hemos analizado la Distribución Espectral de Potencia (SPD) de:
1. 🖥️ Un Monitor CRT (Tubo de Rayos Catódicos): La tecnología estándar de 1998.
2. 📱 Un Smartphone de Gama Alta (2024): Tecnología OLED.
3. 📱 Un Smartphone de Gama Alta (2025): Última generación de panel LED de alto brillo.
Todos los dispositivos fueron calibrados para emitir una imagen blanca con una luminancia comparable, para asegurar que la comparación fuera justa.
La gráfica que se muestra a continuación representa los resultados brutos obtenidos en nuestro laboratorio. En ella se ilustra la Distribución Espectral de Potencia (SPD), superponiendo las curvas de emisión de las tres tecnologías evaluadas bajo condiciones de luminancia equivalentes. Esta visualización permite identificar no solo la cantidad de luz emitida, sino su composición cualitativa y energética exacta.
Al analizar los datos espectrales, se observan tres fenómenos físicos diferenciados que explican el aumento del riesgo ocular:
1. Morfología de la Onda: Espectro Continuo vs. Discreto
La primera distinción crítica reside en la forma de la emisión:
Tecnología CRT (Traza Gris): La línea inferior corresponde al monitor de tubo. Presenta una curva de distribución amplia y suave, conocida como "espectro continuo". Esto se debe a la naturaleza de los fósforos excitados, que emitían luz de manera difusa y con baja saturación.
Tecnología LED/OLED (Trazas de Color): Las líneas correspondientes a los smartphones muestran un comportamiento opuesto. La emisión deja de ser continua para concentrarse en picos monocromáticos estrechos. Esto es característico de los diodos emisores de luz, que inyectan energía en bandas muy específicas para lograr mayor eficiencia y pureza de color.
2. Localización Espectral: Los Picos de Alta Energía (HEV)
El análisis del eje horizontal (longitud de onda) nos muestra que la emisión de las pantallas modernas no es continua, sino que se agrupa en tres intervalos espectrales muy definidos, correspondientes a los subpíxeles Rojo, Verde y Azul. Sin embargo, su interacción con el ojo es radicalmente distinta:
El Espectro Azul (440 - 460 nm): Es el primer gran pico a la izquierda de la gráfica. Los dispositivos modernos concentran aquí su máxima potencia. Este intervalo de onda corta es el de mayor energía (HEV) y el más peligroso, ya que penetra con facilidad hasta el fondo del ojo favoreciendo la oxidación celular.
El Espectro Verde (520 - 540 nm): Es el segundo pico elevado que observamos. Históricamente ignorado, nuestros datos confirman que la emisión en esta franja es tan intensa y agresiva como en la azul. Al ser un intervalo de alta energía, contribuye significativamente a la fatiga y al estrés retiniano si no se filtra adecuadamente.
El Espectro Rojo (610 - 640 nm): Es el tercer pico a la derecha. A diferencia de los dos anteriores, este rango no representa un riesgo para la salud visual. Al tratarse de ondas más largas y de menor energía fotónica, la luz roja no tiene capacidad para dañar el tejido retiniano. Su presencia es necesaria para la reproducción del color, pero biológicamente es inocua en comparación con la toxicidad de los intervalos azul y verde.
3. Magnitud de la Irradiancia: Un incremento factor x20
El hallazgo más significativo se encuentra en el eje vertical (Intensidad). Al comparar la amplitud de las ondas, se cuantifica una diferencia de potencia drástica.
Mientras que la irradiancia del monitor CRT se mantiene en niveles basales, los picos de emisión de los smartphones actuales alcanzan valores de intensidad hasta 20 veces superiores. Esto indica que, en las longitudes de onda específicas de 450 nm y 530 nm, la carga energética que recibe el tejido ocular por unidad de tiempo es significativamente mayor en la tecnología actual que en sus predecesoras.
Si analizamos el panorama completo, la situación es más preocupante de lo que muestra una simple gráfica. No solo nos enfrentamos a pantallas que emiten picos de luz hasta 20 veces más potentes que hace unos años; nos enfrentamos a una combinación de factores que nunca antes se había dado en la historia humana.
El problema real es la suma de tres variables:
1. Mayor Intensidad: La luz es más agresiva (como hemos visto en el laboratorio).
2. Menor Distancia: A diferencia del monitor antiguo que mirábamos a 60 cm, el móvil lo usamos a apenas 30 cm de la cara. Al reducir la distancia a la mitad, la cantidad de energía que llega a la retina se multiplica.
3. Mayor Exposición: Pasamos más de 6 horas diarias conectados.
Nuestros ojos, biológicamente preparados para ver la luz del sol reflejada en objetos, ahora se ven obligados a mirar directamente a fuentes de luz intensa, sin descanso y a distancias íntimas. El resultado es un tejido ocular que vive en constante estrés, acelerando procesos degenerativos que antes solo veíamos en edades avanzadas.
Ante esta evidencia física, la protección se vuelve esencial. Esta es precisamente la base científica sobre la que se asienta Reticare: nuestra tecnología, avalada por patentes internacionales y pionera en el sector, no es un simple filtro; es una barrera selectiva diseñada para absorber el exceso de energía en los intervalos críticos azul y verde. El objetivo final es devolver la luz de las pantallas a niveles fisiológicamente tolerables, permitiéndonos disfrutar de la tecnología sin comprometer la supervivencia de nuestras células retinianas.
Si deseas profundizar en los estudios y la base científica que sustentan estos hallazgos, te invitamos a explorar nuestra página de Evidencia Científica

