
Más de 20 años de investigación experimental sobre el impacto biológico de la radiación luminosa en la retina humana.
El sistema visual humano evolucionó durante miles de años bajo un principio básico: interpretar la luz reflejada por los objetos, nunca para mirar fijamente una fuente de emisión directa, intensa y cercana. Sin embargo, la tecnología actual ha roto esa regla biológica al someternos a más de 8 horas diarias de radiación LED, creando un escenario de sobreexposición para el que no estamos diseñados. Esta luz, con picos en las longitudes de onda azul y verde, provoca estrés oxidativo y la muerte progresiva de las células de la retina, un tejido vital que, a diferencia de la piel, no tiene capacidad de regeneración, convirtiendo el daño acumulado en un riesgo irreversible.
Paradójicamente, los dispositivos cumplen la normativa porque los estándares de seguridad actuales están obsoletos; se diseñaron para evaluar exposiciones breves y agudas, ignorando por completo el uso crónico y repetitivo que define nuestra realidad digital. La industria ha priorizado la eficiencia técnica sobre la tolerancia biológica, generando un vacío de protección frente al que no bastan medidas superficiales. La solución requiere una barrera física eficaz como Reticare, diseñada específicamente para interceptar la radiación de alta energía antes de que impacte en el tejido vivo.
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2002–2003 · Primeros estudios experimentales en retina
Modelo animal: ratas
Estudio transversal de un año de duración.
Exposición prolongada a luz blanca, luz azul y luz blanca exenta de azul, con y sin filtros selectivos.
Hallazgo clave:
Se observa daño retiniano significativo en los ojos expuestos sin protección a radiación cercana a 450 nm.
2003–2005 - Daño celular y mecanismos de muerte programada
Modelo animal: conejos
Estudio transversal y longitudinal de dos años de duración.
Exposición lumínica crónica en ciclos luz/oscuridad (12h/12h) a luz blanca y azul.
Implantación de lentes intraoculares con y sin filtro en cada ojo.
Hallazgo clave:
Las retinas sin protección activan mecanismos de muerte celular(genes pro-apoptóticos), mientras que las retinas fotoprotegidas activan mecanismos de supervivencia celular (genes anti-apoptóticos).
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2006–2015 - Estudios clínicos longitudinales en humanos
Estudio transversal y longitudinal de siete años de duración.
Exposición diaria habitual a luz ambiental y artificial de pantallas.
Implantación de lentes intraoculares con y sin filtro protector.
Hallazgo clave:
Se observa una reducción del espesor macular y mayor prevalencia de alteraciones oculares en ojos sin filtro, mientras que los ojos protegidos mantienen la estructura retiniana estable.
Estudios in vitro - Daño celular directo por LEDs
Modelo experimental: células de retina humana de donantes
Estudio transversal y longitudinal de un año de duración.
Exposición controlada a LEDs azules (longitud de onda corta), verdes (media), rojos (larga) y blancos (frío y cálido), en ciclos de luz/oscuridad de 12h/12h. Comparando condiciones con y sin fotoprotección.
Hallazgo clave:
La supervivencia celular aumentó de menos del 10% a más del 80% cuando se aplicó fotoprotección selectiva.
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2015–2016 - Validación final en condiciones de uso real
Modelo animal: ratas
Estudio longitudinal de un año de duración.
Exposición prolongada a pantallas de tablets comerciales, con y sin protección Reticare.
Hallazgo clave:
Las ratas expuestas sin protección presentan aproximadamente un 23% de muerte celular retiniana irreversible.
En las ratas protegidas con tecnología Reticare, el daño retiniano es prácticamente inexistente.
Investigación liderada desde la universidad
La Dra. Celia Sánchez-Ramos, investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, lidera desde hace más de dos décadas la investigación sobre el impacto de la radiación luminosa en la retina humana.
Reticare nace cuando este conocimiento científico se transforma en soluciones tecnológicas aplicables a la vida diaria.

Reticare nace para transformar décadas de evidencia científica en soluciones reales de protección ocular.
Los mismos hallazgos que demostraron el daño celular inducido por la luz azul y verde han guiado el desarrollo de filtros ópticos selectivos, protectores de pantalla y gafas diseñados bajo criterios biomédicos, no estéticos.
No se trata de cambiar el color de la pantalla.
Se trata de proteger tejido vivo.







